Normalmente porque hay poca arena, porque es demasiado gruesa o porque resulta desagradable bajo las patas: los gatos escarban para enterrar, y el que no puede enterrar hace el gesto al lado del arenero.
Parece una manía y casi siempre es un problema de arena.
Primero la cantidad
Con poca arena no hay nada donde escarbar. Llena hasta la línea que marca el fabricante, no hasta donde parece más aseado.
Después la textura
El grano grueso y la sílice se pisan de una forma muy distinta a la arcilla aglomerante fina, y un gato al que no le gusta la superficie remata el ritual en el suelo. Cambiar a una arena más fina suele cortarlo en un día.
Después el arenero
Un tambor que ocupa poco deja al gato menos sitio para girarse y escarbar del que tenía en una bandeja. Las máquinas abiertas y anchas se lo ponen más fácil al gato al que le gusta excavar.
Lo que no es
Rencor. Y si el escarbar viene acompañado de hacerse fuera, de esfuerzos o de un cambio de frecuencia, eso es motivo para llamar al veterinario y no para comprar otro saco de arena.
Última revisión: 2026-08-17